EL VERDADERO AMOR

DEL CIELO A LA TIERRA

De Francesca Panfili


El verdadero amor no consiste en satisfacer las exigencias, a veces legítimas, de nosotros mismos. El verdadero amor no secunda nuestras debilidades espirituales.
El verdadero amor es entender a través del discernimiento la realización de la divinidad que está en nosotros, especialmente en el momento en que hay personas que están cerca de ti o para las cuales tu eres importante que realmente han necesitado de fuerza y apoyo.

El verdadero amor es identificar dentro de ti las prioridades de los que están frente a ti y necesitan tu ayuda.
El amor crístico es aquel en el que procedes a dar sin esperar nada a cambio. Por lo tanto, tu prioridad debe ser hacer y no recibir.
Es justo y humano recibir amor, pero si has comprendido que eres un instrumento de Dios, del Inmortal, un instrumento de la Luz de Cristo que mora en ti como un ser que forma parte de la inmensidad de la creación, entonces en todo momento trata de comprender quién de los que conoces o de los que están cerca de ti necesita amor, ese combustible universal que te permite recorrer el camino del teatro de la vida.
El verdadero amor te convierte en un ser humano feliz porque consiste en ofrecer esa alegría y felicidad a quien amas de verdad. Entonces ya no estás en el recibir, sino que estás en dar esa alegría al otro.
Recibir es un acto comprensible y natural de la dimensión humana.
Sin embargo, tu máxima intención debe ser dar alegría a los demás sin esperar nada a cambio. Si luego recibes agradecimiento por tu acción crística, alégrate, pero permanece siempre devoto a ese ápice del amor superior.
Cuando una persona que necesita de tu presencia o de tu palabra te hace un regalo como un poema, un pensamiento o incluso su ser, y quizás tú en ese momento no te sientes plenamente en sintonía con la Verdad, no le hagas esperar tu respuesta.

No esperes a ser perfecto para dar a los demás tu amor y apoyo. ¡Responde inmediatamente! Muestra tu presencia alentadora de inmediato para que realices inmediatamente ese gesto de entrega que el alma necesita. Una espera o ausencia justificada por la falta de sintonía se convertiría en una prevaricación de tu ego.
¡Esa alma te necesita ahora! No lo dudes ni un minuto.
Por eso invito a todos los que tienen una misión y que han sido elegidos por el Padre para llevar adelante un proyecto Suyo, todos aquellos que tienen un rol de responsabilidad en la Confraternidad, a no ser egoístas al hacer esperar al hermano una respuesta por temor a no estar en sintonía en ese momento con las dimensiones superiores o por miedo a equivocarse o no mostrar su conocimiento o sabiduría.

El amor crístico es oportuno, inmediato y sobrecogedor. Deben derribar su cansancio y fragilidad. En la respuesta sencilla que puedes dar a los necesitados, la persona encontrará su tesoro. Un tesoro que ha estado esperando ansiosamente.
Al amor no le importa una respuesta mediocre porque el verdadero amor es presencia.
Yo sé lo que significa esperar el amor. Mi gran maestro Eugenio Siragusa nunca me respondía y eso me hacía sufrir mucho. A mis cartas respondía su secretaria y yo las esperaba como el aire. Pocos días antes de confiarme su obra ante el mundo, comenzó a llamarme a casa y allí me di cuenta de lo mucho que el hermano necesita su guía, la persona en la que confía que le da la fuerza, una respuesta, una mano o incluso una sonrisa.
Lo que debo hacer es hacerlos felices. Sé que ustedes me dieron en ese momento ese amor que es mejor que cualquier regalo material.
Esto nos lo dijo Giorgio Bongiovanni en un encuentro privado. Lo compartimos para realizarlo juntos en el corazón.

Con amor
Francesca
7 de junio de 2024

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