AMENAZA ATÓMICA Y OVNIS ¿LA AYUDA VIENE DEL COSMOS?

DEL CIELO A LA TIERRA

De Fabio Maggiore. Redacción Pier Giorgio Caria

Muchas profecías han anunciado una terrible desgracia para la humanidad: una terrible guerra librada con armas atómicas. Esta némesis se expresa en el evangelio y, sobre todo, en el Tercer Secreto de Fátima, donde leemos: “Una gran guerra se desatará en la segunda mitad del siglo XX. El fuego y el humo caerán del cielo, las aguas de los océanos se convertirán en vapores y la espuma se elevará, sacudiendo y hundiendo todo…».

Si en el siglo XX no hubo una guerra atómica combatida en sentido tradicional entre las distintas naciones, queda el hecho sorprendente de que se han explotado más de 2.000 bombas atómicas en los diversos ensayos de las naciones «nucleares», a partir del «proyecto Manhattan».
Hoy la crisis internacional, en particular la que existe entre la OTAN y Rusia con la guerra en Ucrania y el conflicto entre Palestina e Israel, nos acercan peligrosamente a este epílogo, haciendo avanzar cada vez más las manecillas del fatídico «“doomsday clock”-«reloj del apocalipsis-.

A diferencia de la crisis de los misiles cubanos de los años 60, cuando la sociedad civil y los medios reaccionaron con gran participación, hoy reina una dramática indiferencia. Los medios de comunicación presionan para que el conflicto continúe y casi alientan el uso de la bomba atómica como un «mal menor» y absolutamente necesario, para dar una lección a tal o cual bando. Una locura.
Pura locura de la mayoría de los medios, ávidos de destrucción y desolación, serviles a ese «Satanás que reina en los lugares más altos, determinando el curso de las cosas», citado en el tercer secreto de Fátima.
Por tanto, los poderosos lo repiten continuamente, pero ¿por qué la sociedad no se alarma? ¿Por qué esta situación? ¿Quizás el peligro no existe realmente o existen otras causas? Una guerra atómica sería terrible y sus efectos devastadores harían palidecer al más sádico de los demonios.

Según simulaciones autorizadas realizadas por científicos, miles de ojivas explotarían en pocos minutos entre ofensivas y represalias de varias naciones, lo que provocaría cientos de millones de muertos en los primeros momentos, pero no sólo eso. Las altísimas temperaturas (millones de grados), provocarían incendios muy potentes en todo el planeta, en pocos días la dispersión del polvo radiactivo se extendería de manera bastante uniforme por toda la atmósfera, provocando un invierno nuclear, cuyos efectos de radiación generalizada tal vez sería el mal menor.
Pronto toda la atmósfera se oscurecería, bloqueando la radiación solar, provocando temperaturas de decenas de grados bajo cero, bloqueando todo y a todos. Todos aquellos que no murieron en los impactos o incendios morirían en esta fase de penurias y sufrimiento doloroso, si no de asfixia por el agotamiento del oxígeno debido a los incendios y la aniquilación incluso de la flora. No es casualidad que, también en Fátima, se dijera: “Millones y millones de hombres perecerán hora tras hora, los que queden vivos envidiarán a los muertos.

Donde quiera que se mire, habrá angustia, miseria y ruina en todos los países. […] Los buenos perecerán junto con los malos, los grandes con los pequeños, los Príncipes de la Iglesia con sus fieles y los gobernantes con su pueblo”.
A medida que la situación se agrava, aumentan las manifestaciones de naves extraterrestres, que en sus mensajes expresan preocupación, pero también ofrecen ayuda para cambiar de rumbo.

Sus tecnologías de vanguardia podrían detener el drama, pero no violarán nuestro libre albedrío, sino que esperarán a que los individuos tomen una decisión ética y personal.
La entrevista conducida por Daniela Gregnanin para Telecittà es un evento que no debe perderse para ampliar nuestra conciencia, comprender los riesgos actuales y reconocer que todavía hay una posibilidad de salvación. No sólo debemos ser espectadores, sino también protagonistas de este dramático y emocionante momento histórico.